Un encuentro con el pasado.

Ocurrió ayer a mediodía. Me lo encontré después de muchos años sin hablar con él.
De chavales fuimos muy buenos amigos, los mejores. Tan buenos que en nuestros ratos libres nos dedicábamos a pajear al otro. Citas furtivas, películas porno del Plus y muchas pajas. Grandes pajas.
Bueno, ayer me lo encontré y todas esas imágenes volvieron a mi cabeza. Iba con su novia, una chica muy mona, canijilla, como diría mi chica, pelo castaño por los hombros, guapa. Mientras la miraba y le dedicaba una sonrisa me la imaginaba con su polla en la boquita. Una imagen adorable, podéis creerme.
Nos pusimos al día en lo que a amistades comunes se refiere y hasta me dedicó un par de cumplidos que satisfacieron mi vanidad.
Después del encuentro me quedé con una calentura extraña, latente. Estuve toda la tarde intranquilo, muy cachondo.
De noche me dediqué una gran paja pensando en nuestros encuentros pasados. Nos imaginé tal y como solía ser y fantaseé con llamarle y reeditar aquello. Cada uno con la polla del otro en la mano, pero esta vez hablando de nuestras respectivas chicas. En un momento dado ella entra en la habitación. Se sienta entre los dos, le pide permiso y comienza a satisfacernos. Sus manos pequeñitas son muy hábiles con nuestros rabos. Me la follo, se la folla, nos la chupa, la remojamos en leche. Estímulo y eyaculación. Tantas posibilidades me abruman, como siempre. Soy supervisual, básico.
Me quedo pensando. Es la primera vez que me he pajeado pensando en un tío, porque ella era un elemento de atrezzo. Deliciosa, pero de atrezzo. Aunque pensándolo bien, él tampoco me excitaba. Era la situación, lo prohibido.
 
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