Retiro ¿espiritual?

El pasado puente me fui al pueblo con unos amigos y mi novia. Nos gusta ir por allí de vez en cuando. Un fin de semana de pelis, charlas de botellón y fornicación con la pareja nos deja como nuevos.

La primera noche tengo el gusto de saborear el coño de mi chica. Media hora. Lo saboreo con deleite, lo lamo con ansia, se lo acaricio con reverencia, con la punta de la lengua. Estaría horas así, dándole gusto. Ni que decir tiene, que yo también lo disfruto muchísimo. Durante mi cena particular mantengo una buena erección, alimentada por la miel que destila su entrepierna. Sigo chupando, continúo amasando sus tetas desde abajo. La siento estremecerse bajo mi lengua y mis manos, lo está disfrutando a fondo. Juego a dejarla al borde del éxtasis hasta que no puede más. Llega al orgasmo, breve y suave, se queda desmadejada. La miro embobado. El cuerpo retorcido, abierta de piernas todavía, con el sexo brillante de flujo y saliva, enredada en su melena, hermosa. Me tiene en el bote. 

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El último día del puente mis amigos decidieron que tenían bastante paz campestre y nos dejaron a solas. Al poco rato estabamos en la buhardilla de la casa, ella bajándose las bragas y yo sentado en un sofá, con los pantalones bajados y la polla enhiesta. Me encanta mirarla cuando se desnuda, verla en bragas y sujetador me excita más que cualquier otra cosa (me estoy poniendo cachondo al recordarlo ;). Esta vez solo se quita lo imprescindible. Me pajeo observándola mientras desliza las braguitas piernas abajo.  Se me sube encima y disfruto de su olor, de su pelo suelto que me roza. Ni preliminares ni ostias, está húmeda como siempre. Su hachazo es una cavidad marina, húmeda, salada, hermosa.

Me cabalga de forma experta, rozándo su entrepierna con la mía. Eso la vuelve loca y noto que lo está gozando más que en otras ocasiones. Su disfrute me hace perder la cabeza. Le acaricio el culo a dos manos y me rozo contra ella todo lo que puedo. El extasis se precipita a golpes de cadera. Los suspiros me lo anuncian y no pierdo detalle de la escena. Me gusta mirar a la gente cuando se corre, recibo un pedacito de su disfrute, y en esta ocasión la curiosidad es mayor. Ella se corre muy pocas veces con mi polla dentro, le gusta más que la masturbe acariciándola. Me siento feliz por ella y un poco halagado en mi vanidad. Aunque el mérito sea de los dos.

Un poco más tarde descansamos relajados, echados uno junto al otro. Sigo muy cachondo y ella me pajea con suavidad. Pienso en sus manos manchadas de  semen, goteándole por los dedos. Puedo ser muy peliculero. Mi mente produce decenas de imágenes eróticas al día, que me mantienen en un estado permanente de guerra. 

Son fantasías que me persiguen, a veces muy elaboradas (vease el final de "Fantasías nocturnas"), otras son muy sencillas. Todas me erotizan hasta el límite.

Ahora las imágenes bombardean mi mente, y me dejo llevar por ellas. 

La ficción no tarda en hacerse realidad.  

 
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